martes, 27 de noviembre de 2012

Un cuento infantil


ROJO


Por Iguana Blanca

Esta es la historia de una niña que conoció a un cardenal…

Aquel día, la niña danzaba alegre entre las flores, con sus pies descalzos pisaba las secas hojas otoñales que se revolvían en torno a ella elevándose hacia el cielo. Le gustaba jugar sola, charlar con el viento, comerse la belleza de las violetas con los ojos, correr sin dirección, extender los brazos y sentir el calor del sol, le gustaba también perseguir a su eco y quedarse siempre a un pasito de atraparlo. Cuando las horas avanzaron, decidió tomar un descanso bajo las nubes que griseaban la tarde.

Se recostó sobre la verde alfombra de la naturaleza y cerró sus ojos, seducida por el sueño infantil. Así fue como llegó… Silencioso como un desierto, sin aviso ni reverencia, posó blando sobre su pecho, con la suavidad de un pétalo, haciendo sentir a la niña su presencia apenas notable.

Lentamente, ella abrió sus ojos de nuevo, alzó la cabeza sobre su cuello y pudo verlo. Era su acompañante, una inesperada manchita escarlata que se ceñía contra su corazón… 

- Rojo - Dijo la niña en un susurro.

Con pesar, su acompañante alzó su cara hacia ella, mirándola fijo con sus ojos oscuros.

- ¿Quién eres? - Preguntó la pequeña con curiosidad.

Y el visitante se puso de pie. Era tan pequeño, que cabría en una mano, pero su percha era imponente.
Con su voz como un canto respondió.

- Yo soy el ave que cuida los robles… Soy una lágrima de sangre derramada por nuestro cielo… Soy el que anunció a nuestros antepasados el nacimiento de la serpiente emplumada… Soy el que canta en silencio… Yo soy el cardenal -.

No era el ave más bella que había visto ella, pero si la de mayor presencia. De fino plumaje rojo, con un antifaz negro brillante cubriendo su rostro, pico chato, y un tocado en su cabeza que se posaba como si fuera un pequeño penacho.

- ¿Qué haces aquí? -.

- Me he perdido, estoy lejos de casa, tuve que huir de aquellos que son más grandes que tú… Ayúdame a volver a mi hogar -.

La niña se incorporó tomando al ave entre sus manos. 

- Estás herido – dijo observando su alita rota. – Voy a curarte, después hallaremos tu hogar-.


Así fue cómo surgió su amistad. En las semanas que le tomó sanar al ave, la niña escuchó atenta las historias que le contaba el cardenal. Le habló de extensos y verdes parajes, de árboles tan altos que podían tocar el cielo, de otras aves, de reptiles, de insectos y demás animales.

Por ello su entusiasmo era grande el día que tomó al ave para llevarlo de regreso a casa. Largo fue el camino que recorrieron a pie, pero la niña sonreía con las alegres anécdotas que le seguía narrando el cardenal. Hasta que finalmente… Llegaron al lugar…

Fue como quedarse congelado en el tiempo. La desolación que azotaba el paisaje hubiera desalentado al más entusiasta de todos, no había nada de lo que las historias del ave contaban, solo polvo negro y cenizas cubriendo la tierra, no se escuchaba el sonido de ningún animal, no se veía el verde de ninguna planta, los árboles que tocaban el cielo no estaban ya. Y al fondo se escuchaba tan solo el agua del río que chocaba contra las piedras, y que sonaba como el mismísimo lamento de la naturaleza.

La niña se quedó de pie petrificada por un instante. Cuando reaccionó, no tardó en voltear a ver al pequeño pajarito que descansaba entre sus manos... El cardenal había cerrado sus ojos para siempre, de su rostro diminuto escurría una solitaria lágrima que encerraba todo el dolor del mundo.

Al pie de un solitario árbol de amate que había logrado sobrevivir depositó bajo tierra el cuerpo del cardenal, y con sus ojos envueltos en llanto la niña se prometió así misma reconstruir el hogar de su amigo. – Si el hombre pudo destruir algo tan grande, el hombre puede construirlo también -, pensó.


Cada día, del resto de su vida, la niña volvió a ese lugar y sembró un árbol a la vez, y vio como conforme ella crecía, ellos también. La niña creció y se hizo mujer, transmitió la costumbre a sus hijos, y se encargó de que ellos hicieran lo mismo con sus nietos. Así con el paso del tiempo, el bosque fue naciendo de nuevo. Aquella niña que ahora era una anciana lo había logrado, así lentamente, un árbol cada día, árboles que al crecer depositaban sus frescas semillas y generaban nueva vida. El verde volvió a dominar el paisaje, los insectos de colores volvieron a habitar aquel lugar, el canto de las aves migrantes se volvió a escuchar, la vida había retornado, el bosque había vuelto a nacer.

Aquella niña se despidió de este mundo cuando tenía ochenta años. Fue a entregarse al bosque, a su bosque, ahí, entre los nuevos robles que se erigían como pilares de la Tierra, dejó que el viento se la llevara con él. Fue cuando lo vio, una luz muy brillante y de ella el sonido de un canto que nunca olvidó, pudo verlo, llamándola, invitándola al feliz reencuentro, su viejo amigo, el cardenal…

Y fue lo último que vio.

Cuentan que aun hoy en día se les puede ver y escuchar caminando entre los árboles. Una niña de dulce sonrisa, que corre y danza al ritmo del canto de una pequeña ave roja que siempre vuela a su alrededor, son los guardianes del bosque, son el canto que recuerda a los hombres que también pueden dar vida a la Tierra, un árbol al día, una semilla a la vez.

FIN

El texto que acabas de leer es un estracto de un cuento que pertenece a una compilación de cuentos para niños de Iguana Blanca, próxima a ser publicada. Tus comentarios ayudan a enriquecer esta obra que pronto verá luz, y que procurará dejar un mensaje de conciencia en los más pequeños.

IB

domingo, 12 de septiembre de 2010

La Iguanada de hoy es: MÉXICO

DESDE EL OMBLIGO DE LA LUNA
Por Iguana Blanca

MÉXICO (centro del lago de la Luna// centro u ombligo de la Luna y/o del mundo// tierra de Huitzilopochtli). 

Millones de años de existir, miles de años de sabernos aquí, un milenio de nombrarnos, medio milenio de encontrarnos, doscientos años de autodeclararnos, cien años de luchar por hacer lo que queramos, 80 años de intentar hacer lo que queramos, 10 años de creer hacer lo que queramos, un año para festejarnos, una vida para cambiarnos y crecer más que como país o como nación, para crecer como pueblo. Bajo un mismo nombre y bajo un mismo emblema, que cohesiona bajo sus tres vocablos la diversidad de nuestra tierra, la multiculturalidad de nuestra gente, desde norte a sur y de oriente hasta occidente, somos "todos muchos" y somos todos diferentes, pero somos todos hombres y mujeres, gente que reimos y disfrutamos, desde la miseria hasta la riqueza, en cualquier instante en cualquier situación, incluso desde la desgracia somos gente que bromea, que siempre le regala una sonrisa a su presente. Somos gente bella, somos gente alegre.
Compartimos nuestras penas y miserias, nuestros temores, nuestras crisis, nuestras llagas, pero somos gente siempre unida, somos gente que no se deja, gente que no se vence. Y es eso lo que celebramos y por eso si tenemos motivos para celebrar, aunque haya gente que nos diga lo contrario, que no hay nada que festejar, yo creo que si lo hay, hay que celebrar que nos levantamos de catástrofes como la del 85, unidos como pueblo, organizados mano a mano, hay que celebrar que no nos quedamos callados ante la injusticia en Chiapas y que se luchó hasta el cansancio, hay que celebrar que la gente del campo te recibe siempre con buenos abrazos y te convida en su mesa de su alimento escazo, hay que celebrar que ante la desgracia inventamos chistes, y nos reimos, hay que celebrar que somos un pueblo pobre, pero que NO SOMOS UN PUEBLO JODIDO.


Más allá de una bandera, más allá de símbolos, más allá de labaros y gobernantes, somos pueblos unidos que compartimos nuestras historias, nuestros pasados y nos sumamos en un presente, lleno de tintes y matices, con todo lo bueno y lo malo que el devenir del tiempo nos ha dejado. Un pasado y un presente lleno de muertos que no enterramos en la arena del olvido sino que recordamos con ponche, con mariachis, con flores de cempazuchitl. Un pasado y un presente de dulces de colores, de cocadas, de curtidos, de pan de muerto, de roscas, de pan de elote. Un pasado y un presente de juegos con juguetes de madera, de carritos, de trompos de baleros, de rehiletes. Un pasado y un presente de gente que lucha, que no se rinde, que sufre pero sonríe, que ama, que es humana y que comete errores. Un pasado y un presente de ti, de mi, de ellos, de quien sea, pero de nosotros, estando aquí lejos de nuestra frontera, un pasado y en presente del yucateco, del sonorense, del chilango, del regio, del tapatío, del sureño, del jarocho, del costeño, del potosino, del chicano, del MEXICANO. Porque somos mexicanos no porque nos digan que lo seamos, sino porque queremos serlo, lo sentimos y nos gusta serlo, es algo que amamos, y aunque entre nuestros líderes y cabezas haya gente que no ama esto de ser mexicano de la forma en que nosotros lo amamos, ¡no importa! que chiles nos sobran pa' darles y que les pique.

Por todo eso y mil motivos más, IB cree que si tenemos motivos para festejar, para festejarnos, por ser chingones, por ser los meros moles (y pos cocinar el mole, el chile relleno, el tamal...), por reir y llorar juntos, por el tianguis, por el puesto de garnachas. Hay muchas penas, es cierto, hay mucho por lo que luchar aun, situaciones duras por afrontar, pero creo que podemos festejar el solo hecho de saber que no nos dejamos y no nos vamos a dejar de nada, porque nunca en nuestra historia (incluso en los momentos en que hemos perdido) nunca, nos hemos dejado. Así que (y no solo en estas fechas, no solo este año) IB dice ¡VIVA MÉXICO! 

Y para comenzar lo que será una serie de entradas dedicadas a este mes (la promesa es día con día hasta el fin de mes, la historia de algún personaje emblema de nuestra cultura popular), IB los deja con el delicioso Huapango de Moncayo y un buen vídeo que exhibe algunas de las cosas características de nuestro país (alguna, como la corrida de toros, que en lo personal me disgusta, pero que aquí está) espero lo disfruten y vivan con mucha delicia estas fiestas, disfrutar sin olvidar la realidad no significa nada malo.


Con la plena seguridad de que nos encontraremos más adelante en el sinuoso camino de la via, IB deja a su disposición el siguiente correo donde con gusto y alegría se reciben todas sus dudas y comentarios. O bien recuerden dejar huella de su visita con un comentario en el blog. Saludos.